Food Connection

Geopolítica y Alimentos: Cómo conflictos globales impactan la industria brasileña y crean nuevas oportunidades

Especialista analiza riesgos y oportunidades para el sector de alimentos ante tensiones en el Oriente Medio, dependencia de fertilizantes y acuerdo Mercosur-UE.

Por Redacción Fispal Tecnologia | 22 de junio, 2026

En los últimos meses, conflictos en regiones estratégicas como Oriente Medio y Golfo Pérsico volvieron a colocar energía y logística en el centro del debate económico global. Para la industria de alimentos y bebidas, esas tensiones geopolíticas representan mucho más que oscilaciones puntuales de precios: ellas exponen vulnerabilidades estructurales que afectan desde la producción agrícola hasta el empaque final de los productos.

João Alfredo Nyegray, doctor en internacionalización y estrategia, analiza cómo esos riesgos se traducen en desafíos concretos para la cadena global de alimentos y, especialmente, para la industria brasileña. En entrevista exclusiva al Food Connection, el especialista también apunta oportunidades estratégicas que pueden surgir de ese escenario de inestabilidad, incluyendo el reciente acuerdo entre Mercosur y Unión Europea.

Estrecho de Ormuz: el cuello de botella que amenaza fertilizantes y energía

Cuando se habla en riesgos geopolíticos para alimentos, el Estrecho de Ormuz emerge como el punto más sensible del sistema global. Según Nyegray, "hoy, los principales riesgos geopolíticos para la cadena global de alimentos no son apenas las guerras en sí, sino la concentración de vulnerabilidades en pocos cuellos de botella logísticos y energéticos".

El especialista destaca que cerca de un tercio del comercio marítimo global de fertilizantes atraviesa esa ruta estratégica. "Eso altera completamente la naturaleza del riesgo: una disrupción en Ormuz no presiona apenas combustible y flete, sino la propia base química de la agricultura global", explica Nyegray.

La UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo) viene alertando que el transporte marítimo global ya opera bajo costos mayores e incertidumbre creciente, en un sistema en que más de 80% del comercio mundial por volumen depende del mar. Para Nyegray, "la cadena global de alimentos está menos amenazada por un colapso absoluto y más por un problema de inestabilidad estructural: oscilaciones bruscas de precio, atraso, redireccionamiento de rutas y repases sucesivos de costo".

De la guerra al supermercado: cómo la inestabilidad recorre toda la cadena

La inestabilidad geopolítica no afecta apenas la producción agrícola. Ella recorre toda la cadena productiva en múltiples capas hasta llegar a la industria procesadora de alimentos. Nyegray identifica cuatro capas principales de impacto.

La primera es energética. "Si el Golfo entra en convulsión, el costo de diésel, búnker marítimo, gas y electricidad tiende a subir o, como mínimo, a incorporar premio de riesgo", afirma el especialista. Eso afecta directamente la producción agrícola, el transporte de materia prima, el almacenaje refrigerado, el procesamiento industrial y la distribución final.

La segunda capa involucra fertilizantes. Como un tercio del comercio marítimo global de ese insumo pasa por Ormuz, el choque "deja de ser periférico y pasa a incidir sobre productividad agrícola futura, costo de granos, ración y aceites, con efectos desfasados pero profundos sobre la industria procesadora", explica Nyegray. En sus palabras, "la guerra no encarece apenas la cosecha actual; ella compromete la formación de costo de la próxima".

La tercera capa, frecuentemente negligenciada, es petroquímica. Las guerras recientes elevaron los precios globales de plásticos y polímeros, con el Oriente Medio respondiendo por más de 40% de las exportaciones globales de polietileno en 2025. "Para la industria de alimentos, eso significa encarecimiento de empaques, films, tapas, botellas, resinas y diversos insumos indirectos", destaca el especialista.

La cuarta capa es financiera: mayor riesgo geopolítico significa más volatilidad cambiaria, más necesidad de capital de giro y más dificultad de poner precio a contratos largos. Según Nyegray, "el efecto agregado es claro: la guerra entra en la industria de alimentos como compresión de margen y quiebra de cadencia operacional, no apenas como alza puntual de commodities".

Brasil: potencia agroindustrial con vulnerabilidades críticas

Para la industria brasileña de alimentos, el impacto más fuerte decurre de una contradicción estructural identificada por Nyegray: "el país es potencia agroindustrial, pero continúa dependiente de insumos importados en puntos críticos".

La Reuters registró que Brasil importó 45,5 millones de toneladas de fertilizantes en 2025, un récord, justamente cuando el gobierno y el sector pasaron a sonar la alarma sobre la exposición del país al choque en Ormuz. "Eso significa que, aunque Brasil tenga gran capacidad de producir y procesar alimentos, parte relevante de la competitividad de la cadena depende de una logística externa sobre la cual él no tiene control", analiza el especialista.

El efecto más sensible para la industria, según Nyegray, "no es una falta inmediata de alimentos, sino la combinación entre costo mayor de la materia prima, flete más caro, cambio presionado y menor previsibilidad de abastecimiento".

Algunos segmentos están más expuestos que otros. La cadena de proteínas, especialmente aves, siente más rápidamente la presión porque depende fuertemente de ración, energía, refrigeración y exportación. El Oriente Medio responde por cerca de 30% de las exportaciones brasileñas de pollo en 2025, y empresas ya precisaron redireccionar embarques por rutas más largas y caras, absorbiendo aumento de combustible, almacenaje, transporte y seguro de guerra.

"Eso revela algo importante: el impacto sobre la industria brasileña no se resume al costo de producir, sino incluye el costo de continuar entregando", observa Nyegray. La propia ABIA informa que Brasil sigue como el mayor exportador mundial de alimentos industrializados en volumen por el cuarto año consecutivo y exporta para más de 190 países. Para el especialista, "cuanto más insertada globalmente es la industria, mayor es su vulnerabilidad a choques logísticos y geopolíticos".

Oportunidades estratégicas en medio de la crisis

A pesar de los desafíos, Nyegray identifica oportunidades concretas para la industria brasileña, aunque resalta que "ellas no son automáticas".

La primera es de reposicionamiento comercial. "En un ambiente en que otros proveedores quedan más expuestos a guerra, sanciones o cuellos de botella logísticos, Brasil puede presentarse como plataforma relativamente más confiable de oferta de proteínas, azúcar, café, jugos, granos y alimentos procesados", afirma.

La segunda oportunidad es capturar más valor en la transformación industrial. Según el especialista, "en escenarios de incertidumbre, compradores tienden a valorizar menos al proveedor ocasional de commodity y más al socio capaz de entregar regularidad, estandarización, procesamiento y adaptación logística". En ese sentido, "la ventaja brasileña no está apenas en producir mucho, sino en transformar esa escala en contrato, previsibilidad y presencia industrial".

La oportunidad más estratégica, sin embargo, es interna. Para Nyegray, crisis como la de Ormuz exponen dónde está la fragilidad real de la industria brasileña: fertilizantes, insumos petroquímicos, empaques, logística y gobernanza de riesgo. "Si el sector usa ese momento apenas para vender más, ganará receta coyuntural; si usa para rediseñar su base de suministros, diversificar proveedores, reducir vulnerabilidad en insumos críticos e integrar mejor compras, supply chain, financiero y comercial, ganará competitividad estructural", analiza. En sus palabras, "la ganancia verdadera no está en aprovechar la crisis; está en aprender con ella más rápido que los competidores".

Acuerdo Mercosur-UE: nueva frontera de oportunidades

Una dimensión adicional amplía el potencial de oportunidad para la industria brasileña: la entrada en vigor del acuerdo entre Mercosur y Unión Europea. Después de más de dos décadas de negociaciones, el acuerdo fue promulgado en Brasil en marzo de 2026 y debe comenzar a producir efectos ya a partir de mayo, aunque de forma gradual y provisoria.

Se trata de la creación de una de las mayores zonas de libre comercio del mundo, con cerca de 720 millones de consumidores, y con eliminación progresiva de tarifas para la mayor parte de los productos — cerca de 95% de las exportaciones del Mercosur para Europa y 91% en el sentido inverso.

Para Nyegray, "eso altera el juego estratégico en dos niveles". En un primer nivel, abre un canal más competitivo para acceso al mercado europeo en un momento en que otros proveedores globales enfrentan mayor inestabilidad geopolítica. "En un escenario de disrupción en rutas como el Golfo Pérsico, Europa tiende a buscar proveedores más previsibles y políticamente menos arriesgados — y Brasil puede posicionarse como ese proveedor", explica.

En el segundo nivel, el acuerdo no es apenas tarifario. "Él involucra reglas, patrones y previsibilidad jurídica, lo que favorece contratos de mediano y largo plazo, exactamente el tipo de instrumento que gana valor en ambientes de incertidumbre global", destaca el especialista.

Pero hay un punto crítico que precisa ser tratado con realismo estratégico: el acuerdo también aumenta el nivel de exigencia. La Unión Europea tiende a reforzar criterios sanitarios, ambientales y regulatorios, y ya existen mecanismos de salvaguarda para proteger sectores sensibles, inclusive alimentos. "Eso significa que la oportunidad no es simplemente vender más, sino vender mejor, con rastreabilidad, conformidad y patrón industrial elevado", alerta Nyegray.

Para el especialista, "la ganancia no vendrá apenas de la apertura de mercado, sino de la capacidad de operar dentro de un ambiente regulatorio más sofisticado que aquel enfrentado en muchos mercados tradicionales".

Resiliencia como ventaja competitiva

Nyegray concluye su análisis con una reflexión sobre el nuevo paradigma competitivo de la industria de alimentos. "En un mundo en que la geopolítica entró de vez en el costo industrial, la empresa vencedora no será la que comprar más barato en tiempos normales, sino la que continuar operando con menos disrupción cuando el ambiente externo se deteriorar", afirma.

Para los decisores de la industria de alimentos y bebidas, el mensaje es claro: la inestabilidad geopolítica no es más un riesgo periférico, sino una variable estructural que exige gestión activa, diversificación estratégica y capacidad de adaptación. Las oportunidades existen, pero pertenecen a las empresas que supieren transformar vulnerabilidad en resiliencia y crisis en aprendizaje competitivo.

Congresso Fispal Tec debate a geopolítica das cadeias alimentares

A instabilidade geopolítica global deixou de ser um tema de política externa para se tornar uma variável direta nos custos e nas decisões operacionais da indústria de alimentos. Essa foi a mensagem central da palestra “Geopolítica das Cadeias Alimentares: O Novo Tabuleiro Global”, apresentada por João Alfredo Nyegray, professor da FAE e da PUC-PR e doutor em internacionalização e estratégia, um panorama de riscos e oportunidades que fez parte da programação do Congresso Fispal Tec – o encontro aconteceu de 16 a 18 de junho, no São Paulo Expo.

Entre os pontos de preocupação, Nyegray destacou a ausência de instrumentos para regular a oferta global de fertilizantes, como acontece, por exemplo, com o petróleo. “Não há nenhum mecanismo global coordenado para pensar a oferta de fertilizantes. Qualquer choque na cadeia afeta toda e qualquer cultura que dependa desse insumo”, alertou.

Diante do cenário de instabilidade geopolítica, o especialista ressaltou o paradoxo brasileiro. “O Brasil reúne condições raras, como clima favorável, terra e água abundantes, capacidade de múltiplas safras e posicionamento neutro perante grandes blocos econômicos, mas ainda não transforma esses ativos em estratégia. É um trunfo que, sem estratégia, se torna insuficiente”, explicou.

Já para as empresas, Nyegray deixa a mensagem de que passem a considerar a geopolítica um fator de decisões estratégicas. “A pergunta não é se esse tema vai interferir na sua empresa. Ele já está interferindo. A pergunta é se você está apenas reagindo ou se está se antecipando.”